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Cinco cosas que he aprendido en 2020

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Claudio Constantini
Piano Magazine agradece al pianista Claudio Constantini haber aceptado la invitación a publicar el primer post de nuestro blog.

A lo largo del año pasado observamos con asombro e incredulidad cómo el mundo cambiaba delante de nuestros ojos. En un abrir y cerrar de ojos, nos habíamos hundido en una crisis mundial sin esperanzas de una pronta recuperación.
Yo soy un músico concertista que vivía únicamente de dar conciertos. Pero de pronto perdí todos mis conciertos, toda fuente de ingresos, y la libertad de viajar y moverme libremente. Esto fue un shock que me paralizó, y no tenía idea de qué hacer o cómo sobrevivir.
Es probable que tu situación fuera similar a la mía, si no peor.

Me llevó varios días e incluso semanas idear un «plan de supervivencia». Pero lo que me tomó más tiempo aún fue aceptar la situación y el hecho de que muchas cosas que había dado por sentado simplemente se esfumaron.
De todos modos, poco a poco adopté una mentalidad positiva a pesar de las circunstancias y de la negatividad general que se manifestaba constantemente en las redes sociales. Quizás les había estado dedicando demasiado de mi tiempo…

Éste fue un período de profundos cambios en mi forma de vivir y pensar.
Comencé a comprender aspectos de la vieja sabiduría popular que tantas veces había escuchado.

Hay más de cinco cosas que he aprendido durante el confinamiento y la pandemia. Aun así, he elegido seleccionar estas reflexiones específicas porque no se necesita ningún tipo de preparación para integrarlas.
Cualquier persona, en cualquier lugar y en cualquier situación puede hacerlas suyas como medio de ayuda para el crecimiento personal y para superar todo tipo de obstáculos, incluyendo las pandemias y los confinamientos a nivel mundial.

Y mi selección de cinco conceptos (sin un orden de importancia en particular) son:

1. A fin de cuentas, no necesitaba muchas de esas cosas que tenía o quería tener. — Pianista Claudio Constantini

Un día abrí el cajón de mi armario y me di cuenta de que tenía mucha ropa que no iba a usar en meses, o quizás nunca más.
De repente sentí lo mismo por muchas otras cosas que tenía.
Como consecuencia, comencé a apreciar mucho más las cosas que verdaderamente daban valor real a mi vida diaria. Algunas sí que podían ser materiales. Otras eran personales o espirituales.
Esto me hizo reflexionar sobre cómo esas cosas que recopilé durante mi vida se convirtieron en una extensión de mi ser y de mi estado mental en ese momento en particular. Pensé que era importante no aferrarme a cosas o pensamientos innecesarios que no tuviesen un significado actual para mí, o que contribuyesen poco o nada a mi bienestar presente y futuro.

De manera similar, comencé a notar que ya no estaba tan triste por no poder dar esos conciertos que había perdido. Algunos de ellos suponían «puntos destacados en mi carrera» y de repente se esfumaron con la pandemia. Durante mucho tiempo reflexioné sobre esto, ya que los había estado esperando con mucha ilusión. No entendía del todo por qué de repente habían perdido parte de su significado.
Finalmente, descubrí dentro de mí que lo que necesitaba no eran eventos importantes, sino experiencias significativas. Comencé a reflexionar y a definir que es una experiencia significativa para mí y de qué manera podía recrear estas experiencias con más frecuencia en mi vida.

Hasta entonces había vivido con la idea de que cuanto más «importante» era un concierto, mayor sería el efecto positivo para mi carrera y para mí. Pero al reflexionar sobre esto, recordé que muchos de mis momentos más preciados en el escenario han tenido lugar en escenarios íntimos y relativamente «sin importancia», no únicamente en conciertos «grandes e importantes».

Lo que unía todas esas situaciones era que mi disposición para ofrecer algo íntimo de mi ser era mayor que la necesidad de recibir elogios del público o el prestigio que me pudiese aportar ese concierto. Era mi mentalidad lo que más importaba para sacar lo mejor de mí en cualquier circunstancia, ya fuera tocando para 3.000 personas o para 30.

Esto nos lleva a la siguiente reflexión:

2. Dar es la esencia misma de mi vida.

A menudo me he topado con el concepto de «dar sin querer nada a cambio», pero de alguna manera nunca lo conseguí interiorizar. No pude encontrar una manera de aplicar el altruismo absoluto en mi vida y, a veces, incluso me sentí avergonzado o una persona de menor valía por ello.

Reflexionando sobre este asunto, comprendí que ninguna de mis acciones podría tener una verdadera motivación desinteresada. Siempre espero un retorno de la situación en sí, o que la acción tenga un efecto en alguien, o algo.

Aún pienso y siento esto mismo, solo que he incorporado maneras de aceptar este concepto en mi vida diaria de la manera más positiva posible.

Cuando le ofrezco algo positivo a alguien, ya sea una sonrisa o un gesto amable a un empleado de una tienda exhausto del trabajo de todo el día, un elogio a una persona que necesita ser animada o comida a una persona sin hogar, contribuyo activamente al resultado de mi entorno.
Nunca se sabe hasta dónde pueden llegar esas acciones, y creo que esto no sabría enfatizarlo de manera suficiente. Si yo influyo de una manera positiva en los demás, y ellos a su vez sienten la voluntad de hacer lo mismo, en última instancia se puede crear una cadena de acontecimientos que convierte mi entorno en algo más positivo y hace que mi vida sea más agradable.
Este punto de vista no es algo desinteresado, pero hace que se convierta en un elemento de interés colectivo más que individual.

Cuando doy un concierto, ahora concentro mi energía en influir positivamente en las vidas de las personas que asisten a ese concierto, en lugar de centrarme en dar una buena impresión para poder mantener mi buena reputación u obtener críticas favorables o más conciertos.

Dar todo de mí me proporciona una conexión directa con los demás y la oportunidad de influir positivamente en sus vidas, aunque sea durante un breve momento. Mi motivación para seguir aprendiendo y superándome tiene ahora un nuevo significado que puedo compartir abiertamente, en lugar de mantenerlo sólo para mí.

Asimismo, cuanto más me nutro, más tengo para dar a los demás. Y del mismo modo, cuanto más doy, más recibo de los demás.
Es una situación en la que todos ganamos.

Llegamos al siguiente punto:

3. Mi felicidad proviene del amor.

Y no me refiero al amor romántico, aunque eso también se podría decir.

Vivir la vida con el amor como principio fundamental; de eso es de lo que estoy hablando.
Amar incondicionalmente mi vida y las circunstancias que la rodean me permite sacar el máximo de cada situación. El gran pianista polaco-estadounidense Arthur Rubinstein dijo una vez: «Me he dado cuenta de que si amas la vida, la vida te amará».

Si adopto el amor como un principio en mi vida y aprendo a poseer y amar cada aspecto de mi vida, incluyendo todo lo negativo, crearé diferentes estados de felicidad.
Aprendí que la felicidad puede venir del agradecimiento por las cosas positivas que me rodean, y también de darme cuenta de los aspectos negativos que ahora aspiro a mejorar de manera más consciente y generosa.

Cuando trabajo con amor para lograr mis metas, la felicidad aparece inesperadamente en el proceso una y otra vez.

Si comparto amor con las personas que me importan, recibo amor de vuelta, lo que a su vez me proporciona una gran alegría.

El amor es una fuente ilimitada de energía y se ha convertido en el motor de mi vida.

Siguiente punto:

4. Incluso si hay cosas fuera de mi control, el resultado depende únicamente de mí.

La pandemia y el confinamiento son el resultado de un virus sobre el cual la mayoría de nosotros no podemos actuar demasiado. Esto está fuera de nuestro control.
Las acciones de los demás también lo están. No podemos esperar que la gente actúe o haga las cosas de acuerdo con nuestra forma de pensar o sentir.

Lo que puedo elegir es cómo afrontar las situaciones que se me presenten.

Viktor Frankl, psiquiatra, superviviente de Auschwitz y fundador de la logoterapia, observó cómo la vida o la muerte en los campos de concentración dependían de la mentalidad de los prisioneros. Los que sobrevivieron fueron los que encontraron una razón para seguir viviendo y luchando todos los días. Aquellos que se rindieron, por lo general sólo duraron unos pocos días más antes de morir.

Lo que esta situación tan extrema me dice es que en cualquier situación adversa tengo la opción de concentrarme en el aspecto negativo de la misma, o bien nutrir el lado positivo y hacerme más fuerte y desarrollarme.

Por otro lado, el éxito en mis objetivos es el resultado del método emprendido para cumplirlos. Claro, puede haber obstáculos, pero depende de mí mismo si encuentro la manera de superarlos o no.
Lo que me lleva al siguiente punto:

5. Nosotros tenemos todas las herramientas que necesitamos para triunfar.

Aquí utilizo la palabra «nosotros» porque creo que esto es cierto para todos, no sólo para mí.

Recuerdo una ocasión, cuando tenía unos veinte años, que quería aprender una obra muy difícil para mi concierto de graduación en el conservatorio: el Concierto n°. 1 de Johannes Brahms.
Se lo dije de inmediato a mi maestra y su reacción fue pedirme que preparara el concierto completo de memoria (dura 45 minutos) para nuestra próxima clase, una semana después.

Pensé que era imposible, pero sin embargo, asentí obedientemente en aceptación.

Una semana después, le toqué de memoria el concierto completo, superando todas mis expectativas y ofreciendo una de las mejores interpretaciones que he tenido de esta obra, allí mismo y sólo para ella.
Tenía las herramientas para hacerlo, pero antes no creía que las tuviera. Mi maestra probablemente nunca sabrá lo significativo que esto fue para mí.

He tenido muchos momentos reveladores sobre lo que puedo o no puedo hacer. Descubrí que soy perfectamente capaz de hacer cosas si las hago con la motivación adecuada.

A menudo, durante mi vida, me he quedado paralizado por lo que pensaba que podía o no podía hacer. Y el período de reflexión profunda y autoaprendizaje en 2020 me hizo darme cuenta de que tenemos muchas más capacidades de las que normalmente pensamos. He aprendido esto a través de las muchas personas sobre las cuales he estudiado y a través de mi propia experiencia, logrando cosas que nunca pensé que podría hacer.

En caso de duda, la mejor demostración de que se puede hacer algo es que otra persona ya lo haya hecho con anterioridad.
Y si aquello para lo que estamos preparándonos para lograr aún no se ha hecho, podemos pensar que las baterías comunes no existían antes de Alessandro Volta en 1799, ni que nadie había corrido 100 metros en menos de 10 segundos antes de Jim Hines en 1968. Podría seguir con miles de ejemplos más.

Coda — Pianista Claudio Constantini

Algunas de estas cosas que he aprendido y sobre las que he escrito pueden resultar obvias, al igual que me lo podrían haber parecido a mí. Aun así, he aprendido que incluso las cosas obvias se pueden ignorar o malinterpretar si no se cuenta con la mentalidad o experiencia adecuadas para comprenderlas por completo.

Realmente deseo que esto pueda servir de reflexión sobre todas estas cosas que hemos experimentado durante este período tan desafiante, y que sirva como descubrimiento de importantes elementos para la vida.
Todos nos encontramos en un viaje único por nuestro propio camino, y este camino no será sencillo de recorrer.
Pienso que eso es afortunado, ya que de otra manera sería bastante aburrido, ¿verdad?

Me gustaría terminar esta publicación con una inspiradora cita de Tim Ferris:

Lo opuesto al amor es la indiferencia y lo opuesto a la felicidad es el aburrimiento.

El pianista Claudio Constantini tiene una carrera única como intérprete de dos instrumentos: piano y bandoneón, además de ser un notorio compositor. Nacido y criado en Lima (Perú) en el seno de una familia de músicos, ha actuado en algunos de los marcos más prestigiosos del mundo y en más de 30 países. Fue nominado a un Latin Grammy en 2019 y ganó un Global Music Award en 2021. A lo largo del 2020 se mantuvo activo fuera del escenario produciendo un video musical cada semana para su canal de YouTube, Claudio Constantini Music. También puedes seguirle en su cuenta de Instagram, @claudioconstantinimusic. Actualmente vive en Madrid (España) con su esposa, que también es músico, y su hija de dos años.

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